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Por qué mi hijo necesita zapatos distintos según la actividad: una guía podológica por situaciones

Por qué mi hijo necesita zapatos distintos según la actividad: una guía podológica por situaciones

Una de las preguntas más frecuentes que recibo en consulta —y que más se repite en los foros de padres donde participo— es si existe un único zapato «bueno» que sirva para todo. La respuesta honesta es que no: el pie de un niño tiene necesidades distintas según el contexto de uso, y aunque todos los zapatos que elijas deberían cumplir los criterios básicos de respeto biomecánico, hay matices importantes que conviene conocer.

No es lo mismo el calzado para correr en el parque que el que se usa para estar sentado en clase. No tiene las mismas exigencias un zapato de playa que uno de montaña. Y el calzado que el niño lleva ocho horas al día en el colegio tiene un impacto muy distinto al que usa dos horas los fines de semana. Entender estas diferencias ayuda a tomar decisiones más informadas y a no gastar dinero en productos que no se ajustan al uso real que se les dará.

En casa: descalzo siempre que sea posible

El hogar es el entorno más seguro para que el pie del niño se exprese libremente. En casa, la regla es sencilla: cuanto más tiempo descalzo, mejor. Si el suelo es frío o hay riesgo de resbalones, los calcetines antideslizantes son preferibles a cualquier calzado, incluso al más minimalista. Las zapatillas de casa blandas y sin ningún tipo de soporte son también una opción válida. Lo que conviene evitar son las zapatillas rígidas, con suela gruesa o con exceso de sujeción.

En el colegio: prioridad absoluta a la comodidad y la seguridad

El zapato de cole es el que más horas acumula, el que más determina el entorno mecánico en el que el pie pasa la mayor parte del día. Aquí, los criterios son todos los del calzado respetuoso —puntera ancha, suela flexible, drop mínimo— más dos adicionales: durabilidad (porque va a recibir un uso intensivo) y facilidad de calzado (porque muchos niños tienen que ponerse y quitarse los zapatos solos, sin ayuda del adulto). Los velcros y las gomas elásticas de calidad son grandes aliados en estas edades.

En el parque y el deporte: el pie necesita estabilidad y tracción, no amortiguación

Contra lo que el marketing deportivo lleva décadas transmitiendo, el pie de un niño sano no necesita grandes cantidades de amortiguación para correr. Necesita tracción —para no resbalar sobre superficies irregulares— y una ligera protección de impactos sin que la suela sea tan gruesa que elimine la información propioceptiva. Un calzado de deporte infantil que sea flexible, ligero y con buena tracción cumple perfectamente esta función sin necesidad de tecnologías de amortiguación complejas y costosas.

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